El guardia deja de decidir quién entra.
Batuaj llama al residente y espera su respuesta. La reja se abre cuando él dijo que sí.
Sin que el guardia decida nada.
El guardia registra
Nombre, vivienda y foto. Dos toques en la tablet.
El residente contesta
«Sí, que pase» basta. Sin teclas y sin abrir ninguna app.
Queda escrito quién autorizó
Con hora y canal. Si mañana hay reclamo, la bitácora responde.
Para quien ya vive ahí, la pluma sube sola.
Lo que la cámara no reconoce entra al flujo normal. Acelera lo legítimo; no inventa permisos.
Todo el residencial en una sola app.
La libreta, el grupo de WhatsApp y el cuaderno de las amenidades, en el mismo lugar.
Visitas e invitaciones con QR
Invita antes de que lleguen; entran con un código.
Personal de servicio con carnet
Credencial con QR y horario. El residente se entera al entrar.
Paquetería
Veinte paquetes de golpe; cada quien recibe su aviso.
Amenidades
El salón y la cancha se reservan desde la app.
Lista de vetados
A quien la mesa directiva vetó, no entra por ninguna puerta.
Quién está adentro, ahora mismo — y el reporte del mes
Cada entrada y salida con hora y quién la autorizó. El reporte del mes sale listo para la asamblea, sin transcribir una libreta — y los datos personales van cifrados.
No tienen que cambiar todo el viernes.
La primera semana corre junto a su sistema actual, sin que le llegue nada a ningún vecino.
En paralelo
Registramos sin avisar a nadie y comparamos contra su sistema actual. Riesgo cero.
Invitaciones con QR
Los residentes empiezan a invitar desde la app. Nada obligatorio todavía.
Las llamadas
Se encienden calle por calle, con quienes se ofrezcan primero.
El cambio
Cuando nadie extraña el sistema viejo, se apaga.
¿Vemos cómo se vería en su residencial?
Cuénteme cuántas viviendas tiene y cómo controlan el acceso hoy. Si no les sirve, también se lo digo.